domingo, 30 de diciembre de 2012

El perfume

Estoy resfriada y a penas soy capaz de oler algo. 

Como es habitual, empezamos a valorar algo en el mismo instante en que lo perdemos. Yo no soy una excepción, ni mucho menos.

Perder el olfato, o parte de su intensidad, me ha hecho darme cuenta de lo sensible que somos a los olores y lo importantes que son.

Hay algunos que adoro, muchos de ellos amados igualmente por millones de personas. El favorito por excelencia: el de la humedad en el ambiente cuando va a llover. Otros: las sábanas limpias, los libros (si son viejos mejor), la piel después de la ducha, la pólvora. ¡El mar! Dios, no había pensado en lo mucho que hecho de menos el olor del mar hasta ahora. El campo, la madera. Varios de mis favoritos pueden sonar un poco más atípicos. La tinta de los bolis, el olor de las gomas de borrar cuando borras, el quitaesmalte, los pintalabios. ¡Las velas, ni siquiera tienen que ser aromáticas! El cabello. Las toallitas y geles de bebés. Y bueno, el olor de los hombres (o que yo asocio a los hombres). Los del efecto AXE es muy exagerado evidentemente, pero lo cierto es que la fragancia de los desodorantes, geles, lociones y perfumes para hombres me resulta muy atrayente. Que me ponen, vamos. El olor del sexo, aunque este no es bastante subjetivo, solo si yo estoy involucrada. Vainilla, lavanda y manzana. De entre todas las flores mi favorito absoluto es el jazmín. De pequeña siempre recogía ramilletes de jazmines cuando salía a pasear y se los llevaba a mi abuela. No puedo pensar en jazmines sin pensar en ella. Su flor favorita eran los claveles, sin embargo. No puedo olvidarme del siempre controvertido vinagre. El olor del chocolate, pero sospecho que esta inclinación por el olor del chocolate está demasiado ligada al placer que dicha sustancia provoca gracias a otro sentido. El olor de las iglesias también me gusta, supongo que se lo debo al incienso. 

Pese a que algunos aromas sirven a mi deleite, otros olores me repelen y/o desagradan. El pesacado en prácticamente todas sus formas y la gasolina . La leche, el queso y demás derivados lácteos. No voy a incluir cosas obvias como el hedor de huevos podridos o cañerías. El olor de los hospitales; deduzco que mi incomodidad ante este olor se debe más a asociaciones mentales personales que al olor en sí mismo. La pintura me deja más bien indiferente: el olor de los tientes no me gusta, el de las lacas de uñas sí. Por lo general, el olor fuerte a comida pero depende mucho del día, si tengo hambre está bien; si tengo resaca, me da náuseas. El olor a neumático quemado me repugna; habrá a quien le guste.

Y tengo una relación amor-odio con el olor a pelo de animal mojado y el del polvo.

Todos los sentidos son maravillosos, no hay mejores ni peores (no a la discriminación), pero personalmente no puedo decir que viva con la misma intensidad las sensaciones que me provoca, por ejemplo, el tacto. Hay gente a la que le vuelve loco el tacto de la hierba, o de los granos de arena entre los dedos de los pies mientras las olas van y vienen, o la sensación de hundir la mano en un saco de legumbres (!). A mí me perturba más el olfato. Hay más cosas me resultan indiferentes al tacto que al olfato. Es más, generalmente para apreciar el tacto de algo intensamente tengo que hacer cierto esfuerzo mental, algo así como desvincularme de alguna manera de los demaás sentidos. Mi forma de procesar aromas es más automática, diría yo. Y hay cierta diferencia que no sé si existe realmente o es invención mía: la sensación que me produce tocar algo no es tan vivaz como la de que me toque algo. Dicho esto, adoro y odio y el tacto de muchas cosas, pero no puedo pensar en tantas texturas como aromas.

Me gusta imaginar que si alguien lee esto su mente irá evocando uno a uno los aromas que he nombrado, del mismo modo que me ha pasado a mí mientas los escribía, pero que muchos de ellos estarán ligados a sensaciones diferentes a las mías.

P.S.: Durante la redacción de este texto a las 4:45 de la madrugada me ha llamado la atención mi limitado vocabulario relacionado con las sensaciones olfativas. Hasta me parece que dispongo de más recursos léxicos en inglés...claro que a esta hora no estoy muy avispada.



Que alguien me abofetee cuando vuelva a pensar que es buena idea tomar Cocacola durante la cena.