Me gusta escribir pero me frustra mi pereza y mi falta de talento, así que no lo hago mucho y cuando lo hago es casi siempre a altas horas de la madrugada y en papeles que acaban en la basura. He decido crear un espacio donde poner lo que pasa por mi mente cuando el insomnio ataca para poder dentro de unos meses, semanas o días, releerlo con una mezcla de vergüenza y diversión.
miércoles, 9 de marzo de 2016
No seáis demasiado duros con vosotros mismos
A mí una de las cosas que peor se me dan es contenerme. Soy incapaz de contener lo que llevo dentro, incluso si es por mi bien, y aún cuando sea por el bienestar de otros. Cada palabra que no digo, cada cosa que no hago, cada impulso devora una parte de lo que soy, me mata un poco por dentro. Impulsiva, visceral, exagerada, dramática. Y no lo cambiaría por nada del mundo, porque esos defectos son también mis virtudes: aparecer por sorpresa, tomar decisiones sin pensarlas dos veces, decir a alguien que tengo ganas de verle sin importar a quién le toca empezar la conversación. Es un arma de doble filo, pero el más cortante está siempre del lado de quien la empuña. Porque todos son muy felices cuando los quieres con tanta intensidad, pero no tanto cuando es con tu intensa tristeza con que tienen que tratar.
No hay nada que inspire tanto como la tristeza
Porque es estúpido malgastar el tiempo que podrías pasar disfrutando de tu felicidad contando lo feliz que eres. Pero para la tristeza, para eso es diferente. Te permite darle rienda suelta. Amplificarla, o domarla, o verla en perspectiva.
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